I.
Su
verdad es lo esencial. Su ser se ha convertido en lo único
universal. La rodea una envoltura onírica, matricial, uterina. Ha
renacido sin tiempo en un espacio que envuelve todo su ser y que no
se distingue de ella. El comienzo de todo renacer es la proximidad de
la no existencia, la amenaza constante de la nada en un equilibrio
casi imposible. Toma por verdadero lo único en sí: la indistinción
más absoluta entre ser, cuerpo y memoria. Ha retornado a un modo más
auténtico, el todo se ha hecho igual a sí misma. Ella es la
partícula elemental única en un cosmos en apariencia infinito,
eterno. Conectado por un hilo mínimo externo que sustenta este
universo íntimo e inaccesible, constituido por una cáscara craneal
abovedada que acoge herméticamente la vida sustancial y la nutre.
Ella se siente el pulso como una protomembrana que se
agita inconsciente y constante en el epicentro de su ser.
Inspiración: tránquila, cálida, húmeda. El principio mismo del
acompasado seguir en sí palpitando suavemente, se prolonga por sí
sin intención, ni afecto. Lo interior en lo interior. En un acto en
presente continuo, constante y aislado, entretenido en su función de
procesador de imágenes que saturan la cantidad-trabajo del
órgano-total a un nivel de rendimiento mínimo, pero suficiente.
Susbsiste en ese estado ligero y apacible: en un sueño eterno.
Todo
es experiencial. Espacio corriente, flujo, elemento... El ser se sabe
a sí mismo. Una pantalla de acceso porosa y traslúcida lo encierra
entreviendo alguna luz reflejada en un medio acuoso. Esa
confrontación supone una ruptura de este gran ser en sí mismo
autosuficiente que se desconoce por el envés y se mantiene en un
cuerpo geoide irregular, únicamente alargado por uno de sus polos.
La temperatura de este polo distanciado es ligeramente inferior. No
hay soporte ni medio, la imagen se desenvuelve libre, desde algún
lugar remoto, no espacial, dónde se almacena. La gestión de las
imágenes es aleatoria. El movimiento sólo es perceptible por los
recuerdos de una vida anterior orgánica que se suceden inconexos,
cinemáticos. Estos recuerdos se despliegan constituyendo una vida
holográfica y virtual que la satisfacen y llenan como nunca. Esta
vía única de realidad es la consecuencia de la pulsión
energética y vital, tal y como lo hacen también esas vías externas
totalmente ajenas, indiferentes, ignotas, venosas. Los objetos se le
presentan interferidos, tumultuosos. Se suceden unos a otros sin
momento aparente. El código es conocido, la escena también. Se
fascina en la única representación de lo que parece ser la memoria
anterior descoordinada, una vida previa que no recuerda. Las imágenes
son inconstantes. Contracción. Elongación. El único tiempo es el
ritmo de las imágenes que anteproyectan una siguiente que logra
cierta continuidad con la antecesora: de ahí la verdad de la
representación, su suficiencia y su sentido. Todo el órgano está
orientado para la consecución de este fin absurdo que le dota de
necesidad. Esta necesidad no es más que la de la mera permanencia.
Una dinámica autoconstitutiva, pre-racional, dominada por el
insconciente puro. Ese inconsciente fija la cantidad de flujo y el
contenido de este. Este estado embrionario maduro es una suspensión
feliz en el tiempo. Las necesidades orgánicas mínimas se satisfacen
sin desgaste. Algo la mantiene en un estado límite. Este hecho, es
algo que ni siente ni conoce.
Ha
conocido la felicidad más absoluta.
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