miércoles, 10 de diciembre de 2014




La otra genealogía supone iniciar una senda de desposesión de lo heredado hacia un nuevo lugarpaisaje en el que otras formas de relación son posibles. Un tránsito entre el abandono de lo que nos sitúa en un espacio-ciudad y el dar cuenta de uno mismo desde fuera. Esta búsqueda de autonomía da comienzo en la conciencia de uno mismo en el espacio en el que se ha dado y el extrañamiento al encontrar en lo propio, en lo que lo constituye, algo impropio. La desterritorialización, esta huida hacia un lugar imaginado, para encontrar-se con una bienvenida al mundo entre las semejantes ritualizada y desprenderse del repertorio moral y político desde el que se llega. La ciudad representa este mundo organizado e instituido por otros que significa a los que la habitan y que los sitúa pero no los acoge. Un paisaje que se impone, ajeno a la corpóreo, sedimentado, pétreo y justificado por una historia de la que no se ha formado parte. La mortificación del ímpetu y el espasmo de la conciencia que sobreviene a ese primer momento de conformidad y reposo nos incitan a iniciar este paso. Estas fugitivas desterradas, las lesbianas de la ciudad, re-crean un espacio alejado, excéntrico, marginal, propio. Forman un nuevo procomún a través de sus prácticas, usos y rituales precarios y antiguos que trasvasan de unas a otras. Un continuo de símbolos representaciones e imágenes singulares que se recogen, atribuyen y transforman para contar su historia y su origen: su propia genealogía. La isla es una utopía, un lugar imaginado y separado, en el que se recogen, se cuidan y se reconocen. Un paisaje que habitan de algún modo y que las hace efectivas.





miércoles, 26 de noviembre de 2014

III.

El cuerpo tendido en su extensión entera. Dándose su forma en las sábanas de forma permanente como una huella sellada en el tiempo, su inverso o su sombra. Así tendida, tan bella y relajada sin percepción alguna del mundo que la contenía, de esa habitación verdiblanca de hospital en las penumbras de una única luz. Las manos posadas, el pelo amontonado a un lado y tibio, la cabeza ladeada inerte. Así la contemplaba durante largo tiempo sin que apenas nada ocurriese. Algunos pasos ajenos y los murmullos de los visitantes en otras habitaciones la acompañaban mientras en silencio le intentaba transmitir la vida al otro lado sin respuesta. Toda ella era exterior, cuerpo, pálpito y respiración. Mi cosa singular le decía, se decía. El afecto que aún sentía por ella la llenaba de la sensación de un recuerdo nostálgico. Parecía que había decidido aquella existencia, que había tendido su vida hacia una vegetalidad inocentemente feliz. Una tan en reposo y la otra, en cambio, tan agitada y melancólica. Movimiento de elongación. Exhalación. Inhalación. Sentía ganas de agitarla, de zarandearla. Despierta, mi cosa singular. Pero no lo hacía. Allí sentada, a su lado con la atención muy fija, tocándole las manos, la mejilla y el pecho que a su tacto reaccionaba contrayéndose ligeramente, como podría haber hecho si el viento la tocara. Se sentaba tardes enteras a su lado. A veces leía mientras oscurecía la tarde ahí fuera, otras simplemente acompañaba aquel cuerpo presente y tan distante. Las tardes de lluvia se acercaba a la ventana del cuarto y, dándole la espalda, contemplaba el agua en la calle y sus salpicaduras en la ventana. El cristal de la ventana estaba siempre frío, lo tocaba con sus manos o con la punta de la nariz, después se acercaba a ella y le transmitía la sensación posando sus yemas sobre el envés de la mano. Ves, cosita, así llueve, así de frío hace ahí fuera. Pensaba que quizá se estuviera olvidando de lo básico.

jueves, 9 de octubre de 2014

Los límites de la analogía

No es difícil ver el agua

                    no es difícil ver gotas
                    y en las gotas cristal
                    y en el cristal estrellas
                    y en las estrellas hielo,

y no es difícil que el hielo
                                           quiebre

                    como el cristal y se dividan
                    sus pedazos en gotas y que
                    esas gotas   sean como
                                            lluvia

y esa lluvia se libere en
                                                infinito

                                                                      sobre St. Paul´s.