jueves, 15 de abril de 2010

Cine

Un caso particular de la imagen es la cinematográfica. El cine no es sólo un ejemplo ilustrativo en el que apoyar consideraciones más profundas sobre la realidad, la vida o la existencia humana. De hecho, la nueva mitología del milenio se gesta en su matriz simbólica. El cine también tiene cabida entendido como perspectiva desde la que alentar o imbuir una determinada actitud respecto a los aspectos que sean subrayados. Llama la atención sobre algún elemento, lo focaliza e invita al espectador a participar de su ilusión. Las muchedumbres fascinadas, como dijo Sartre. El arte pierde su constitución snob y clasista, el arte difundido, mediatizado, desarrollado por el ciudadano está a disposición de quién se quiera adentrar en él y explorar; el abaratamiento de los costes de producción permite que más gente se acerque al mundo artístico. Esto no quiere decir que la calidad del arte, y por ende del cine haya mejorado, ni mucho menos. Pero sí que parece, desde mi punto de vista, que desde hace unos años hayan proliferado los relatos intimístas, realistas, casi documentales.

La elaboración de una imagen determinada (al hablar de imagen cinematográfica pienso en la discurrida por Deleuze en Imagen-tiempo, es decir, no como mera representación sino como movimiento; con el aditamento de los op-signos y son-signos: elementos ópticos y sonoros en la imagen) tiene un propósito de significatividad. Que el significado, que nunca es decisivo siempre está abierto, y el objeto último, estén por encima de las intenciones del autor es algo que no discuto, pero que hay intencionalidad creo que tampoco se puede negar. Se puede entender como un acto comunicativo: hay un contexto de génesis (proyecto, proceso de creación, intención del autor/es y de los participantes –si los hay- factores económicos, desarrollo de las técnicas artísticas, entre otros), la obra en sí entendida como mensaje (composición, elementos, relaciones, estilo, forma, movimiento, tono) y el contexto de recepción (espectación, interpretación, justificación, difusión). No obstante, este esquema tripartito tiene que ser dinámico. No se puede afirmar con rotundidad el significado completo de una obra de arte, o en este caso de una película. Siempre hay referencias que hacen referencia a otras cosas, al propio medio o a otros, y que imposibilitan una individuación de la obra tomada en sí misma, o que tienen lugar en un tiempo concreto, son efímeras, y por tanto irrepetibles.

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