jueves, 15 de abril de 2010

“Siento un nudo en la boca del estómago. Se cierra, me va ahogando. Sube por el pecho y se extiende hasta la garganta. La lengua la obstruye. No puedo tragar y se seca la boca. Arcada. El dolor ha vuelto. Punzante. Continuo. La sien derecha palpitante. Me congestiono. Dos lágrimas exiguas, mínimas, que arden asomadas al vacío desde mis párpados. Hiperventilo. No puedo respirar. Estoy asustada. Otra arcada. Corro hasta el baño y caigo de rodillas como penitente. Intento sujetar el pelo con las dos manos que están heladas, ajenas, casi inertes. Tengo la respiración entrecortada. Otra arcada: el vómito. El amargo sabor del derrotismo. Recuerdo que no he comido nada por ese sabor ácido desde lo profundo. Flota sobre el agua entre espumas. Una convulsión. Escalofríos. El suelo del baño está realmente frío. Me siento en él, encojo las piernas y las abrazo. Frío, muchísimo frío. '¿Por qué? Inútil infeliz –suspiro- ¿Qué te crees?' Llanto ahogado, sin lágrimas. Esa senil mueca en mi enrojecido rostro. Aparto el pelo húmedo del vómito o de las lágrimas. No lo sé. El dolor de cabeza es insoportable. Levantando un brazo sin mirar, consigo asirme al lavabo y me levanto. Saco una ampolla de Nolotil, la rompo y la acerco a los labios. Bebo. Me cae por la barbilla. Otra. Y otra. Lanzo la ampolla con violencia contra la pared. '¡Qué más da! Nadie lo ve.' El asqueroso sabor atasca el trago, pero lo consigo. El dolor va a cesar. Lo sé. Es cuestión de esperar. Consigo llegar hasta la cama. Me acuesto y me cubro con la sábana arrugada y tibia. Sollozo. Tiemblo. Encogida, aplastada. Al cerrar los ojos siento que me arden. La boca me quema. Asco. 'Tranquila, tranquila. Todo es cuestión de esperar.' Alivio.”

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