jueves, 15 de abril de 2010

Conciencia, Sujeto, Imagen.

La imagen propia -la del sujeto que se contempla en la sociedad de la subjetividad más exacervada y alienante, que es la nuestra- mediatizada por el imaginario, simbólico y conceptual, en el que el sujeto está inserto, y que es, por contrastación con la imagen que se proyecta en lo demás -tanto objetos como sujetos, que tampoco están dados, sino que se formatean también en este hacer-se mutuo- como se posibilita el conocimiento de sí mismo. Creación e inventiva de la propia imagen dentro de un contexto social en el que el individuo se inscribe como parte perteneciente y constitutiva (como nodos de una red más amplia de relaciones). Un animal que no sea capaz de concebirse a sí mismo, que sólo posea impresiones sensoriales, no tiene conciencia, no tiene algo a lo que podemos llamar yo. Las impresiones están enriquecidas por nuestra capacidad para referirnos a objetos, adscribir significados, poseer conceptos temporales. Todo esto está posibilitado por manejar símbolos compartidos grupalmente. Empezamos a ver con imágenes, pero creo que miramos, focalizamos, atendemos, y por tanto, dintinguimos e individualizamos cuando empezamos a entender gestos, habla, palabras. Palabras que son la primera abstracción que utilizamos como herramienta conceptual para permitirnos todas estas operaciones del pensamiento. Cuando alguien habla conmigo, escucho sus palabras, las comprendo e iniciamos un proceso comunicativo, no voy una a una imaginando (en imágenes claro) las palabras que articula, sino que capto el mensaje sin más. Sé lo que me quiere decir cuando me habla de un “perro”, por ejemplo, sin necesidad de acudir a imágenes concretas de perros conocidos. Capto el mensaje, que articula mediante una fórmula lingüística. Si me paro reflexiono sobre lo que me dicen, entonces sí, puede que imagine a mi perro, al de la vecina, o a un llavero con esa forma. Tengo una palabra, concepto, que me permite ante una impresión distinguir si lo que tengo delante es, en este caso, un perro o no. Sin embargo, un sistema conceptual, sea el que sea (incluso las formas más abstractas de pensamiento) esta forjado en principio metafóricamente (Lakoff-Johnson). Los conceptos se estructuran a partir de experiencias propiamente humana. Los conceptos más abstractos, difícilmente delimitados, los intentamos comprender a partir de conceptos más simples formados mediante metáforas orientacionales, metáforas ontológicas (entidad y sustancia), personificaciones, metonimias.

La apercepción del cuerpo en el espacio proporcionado por los órganos vestibulares (del equilibrio), propiocepción (sentido de la posición del cuerpo en el espacio dada por la musculatura), la visión y la memoria (experiencia vivida previa) permiten establecer una referencia mediante la que estructurar lo inmediato en función del alcance y nuestra capacidad de manipular o modificar el entorno. Inevitablemente a este sentido del espacio se le ha añadido otro que está constituido por nuestra capacidad de extensión y de prolongación facilitado por las tecnologías de la información que nos permiten actuar en espacios no-inmediatos.

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